El artificio de la escritura / The artifice of writing


lunes 8 de junio de 2009

Temas para un blog / Subjects for a Blog

Un buen bloguero, es decir alguien realmente dedicado al oficio de escribir por escribir a todo viento, debiera poder decir algo sobre: 1. Lo dificil de equilibrar las relaciones personales con la soledad o retiro que se necesita para mantener un blog o cualquier otra actividad creativa, 2. el arte de la conversación: sus virtudes y defectos, 3. el silencio y la imposibilidad de callar de algunos, incluído él mismo, y 4. la manía generalizada de escuchar música a toda hora y en todas partes.

A true blogger, that is someone who is truly dedicated to the avocation of writing for writing´s sake, should be able to address the following subjects: 1. the difficulty of joggling personal relationships and the solitude needed for keeping a blog or any other creative activity, 2. the art of conversation—its virtues and its defects. 3. silence and the inability of some to keep quiet, included the blogger himself, and 4. the generalized bad habit of listening to music at all times and everywhere.

sábado 6 de junio de 2009

Premio o castigo

No hay acción ni inacción que no tenga sus consecuencias. La ley es implacable: paso que se da consecuencia que se paga. Podría ponérselo de forma no tan negativa, sugiere el optimista, y decir, por ejemplo: paso que se da premio que se gana. Claro está , y es bien sabido, que los premios no son nunca lo que parecen.

lunes 1 de junio de 2009

We Are Time

Time, whatever it might be, has a very concrete, very real, everyday presence in my self. I am time, the aging process of life. I am the second in, second out of my tickling pumping heart, that model for all clocks and watches, for every machine that imitates in drips and clicks and blinks the tic-tacking obsession of existence, that muscle of mine that tells me incessantly that I am time and time is not for ever. Like the rivers the poet likens to life my veins are running floods of time, they rush blindly for that ocean of the end, the infinite cesspool of nothingness, the timeless darkness of oblivion. The lungs, time instruments also, breathe within my chest the same timed rhythm of the incessant clock. Step by step, I walk in time, I time the time of life, that road of the well known allegory. I am, we are, in perpetual movement—we are time; time in us persists and lasts forever and ever as long as a living organism squirms and palpitates in rhythm, second in, second out, timing the never ending passing of life.

viernes 8 de mayo de 2009

La llama eterna


Cuando se escribe se siente uno, más que nunca, perecedero, una ilusión apenas en el tiempo. Las viejas bibliotecas, los volúmenes antiguos, el pasado acumulado en esas letras que alguna vez una mano viva las llevó al papel, hablan del tiempo y del fugaz transcurso de la vida humana. Hablan también de la continuidad del espíritu que, como la llama que el corredor le pasa al corredor, va de mano en mano iluminando un camino cuyo punto inicial se pierde en el pasado y cuya meta no hay modo de saber dónde se encuentra. Uno cuenta con que no haya viento que apague el fulgor de ese fuego en el que todos hemos de arder, por un instante al menos.

miércoles 8 de abril de 2009

Noche de casi luna llena

Salgo, apresuradamente, a buscar el correo y afuera me sorprende, inesperada, una noche de casi luna llena.

Comprende uno en ese instante sorprendente el temor sagrado de los antiguos, antepasados de los que hemos heredado el pasmo ante la noche. La verdadera noche, no la de un mundo artificialmente iluminado “a giorno” y por lo mismo ciego, encandilado.

La luna, con su muesca de menos para ser perfectamente luna llena, me hace dar sombra sobre el suelo, más sombra incluso que las tripartitas del alumbrado. Se diría que al caminar me acompañaran mis demonios, los que nunca veo, y se presiente en la brisa casi tibia de la primera noche de primavera, el hálito agitado del licántropo que uno pudo haber sido.

La noche, de pronto, se eterniza en lo inmediato. La luna en el cielo una clepsidra a punto del rebalse.

Camino más a prisa, por si acaso. El corazón se adelantó al apuro.

La noche, en tanto, insiste en lo perfectamente inmóvil.

domingo 29 de marzo de 2009

Ritual del duermevela fluvial.


Hay aquellos que al escribir van derivando lentamente al sueño, que es el ensueño consumado. Perezosos de pereza ancestral de lagarto al sol o mamífero dormilón que, colgado de sus largas uñas de mandarín, sueña sin prisa entre las ramas de más fresca sombra, inclinan la cabeza sobre el brazo acodado y apoyan la pluma vacilante sobre el papel en blanco (son escritores a la antigua) e imaginan en el duermevela un sinfín de palabras que cuentan o cantan alguna deliciosa historia de inverosímil realidad. Como el proverbial camarón, se acunan en las arenas del lecho de su río, listos a echarse a dormir y a que la corriente, esa incansable transportadora, se encargue de llevarlos a donde sea, siempre que no los revuelque en los fangos del fondo ni los sacuda contra las piedras gordas del río, esas lisas ancas de animales de misterio que el agua soba y soba. Río abajo, sin esfuerzo alguno hacia el mar se van entre bostezos e ilusiones.
Cuando se dice río se oye decir Aconcagua. Los demás son sinónimos del único término exacto. Todos sus nombres, sin embargo, son en el recitado un caudal sonoro, un flujo incesante de aguas dulces como la miel en los labios y el oído. Habrá quien pueda recordar esa letanía telúrica del atlas de las aguas: Nilo, Orinoco, Mississippi, Duero, Ródano, que es femenino, Rihn, Volga, Danubio, Yang-tsé, Bío-Bío, Tajo, Támesis, Pecos, Magdalena, Ebro y Guadiana. Nombres antiguos que en la garganta dejan sabores decantados de una sed de siglos. Paraná, Urubamba, Yangtsequián, el Sena.
Aguas insaciables, flujo cuasi eterno de la historia. Al fondo de su cañón el Colorado escarba todavía su lecho, el Eufrates sigue contando su milenaria historia mientras el Amazonas tiñe para siempre el mar con sus aguas grasas y el Guadalquivir se olvidó hace mucho del fulgor del velamen henchido en la brisa aventurera. Aguas de limosna llegan al mar donde desembocan tantos caudales reprimidos que fueran aguas abundantes.
Si se pudiera ir de boca en boca remontando las corrientes de todos los ríos de la tierra, uno tras otro, como quien peregrina a todos los santuarios milagrosos de todas las religiones, las fuentes donde nace el agua. Apurímac, Congo, Saar, Ohio. Río a río navegarle al mundo todas sus venas: Maule, Guadalupe, San Juan, Ganjes, Shanon, el Po. Todos los ríos un río interminable, un fluir de ondas infinito, aparente eternidad hecha materia y movimiento, reloj y calendario, permanencia de lo siempre transitorio. A media voz van las corrientes pronunciando nombres que el hombre aprendió de sus susurros. Shenandoah, Aral, Tíber, el invisible Loa.
Aguas dulces de la sed que no se sacia y que en la mar se vuelven sal amarga.