El artificio de la escritura / The artifice of writing


jueves, 5 de abril de 2012

El arte de la brevedad


Lo bueno, dicen quienes saben, es mejor cuando poco. Lo bien dicho, dicho brevemente es inmejorable, enseña la vieja escuela. 
Desde antiguo en literatura han competido por el interés del público lector dos preferencias estilísticas básicamente diferentes: una caracterizada por la abundancia y la amplitud; la opuesta, por la brevedad y lo contenido. Así, siempre ha habido escritores y lectores que prefieren las obras extensas y otros que se inclinan por la escritura breve. Frente a la novela, por ejemplo, que se extiende por páginas y páginas ricas en detalles y desarrollos, escritas en un lenguaje profuso, de largas oraciones y a veces complicada construcción, está el cuento, que por definición se trata de una narración breve. Una forma no es superior a la otra, un gusto no es mejor que el otro. Son dos variedades del escribir, dos formas diferentes, cada cual  efectiva a su manera.
            No siempre es decisión del escritor escribir algo de una u otra forma. Un  factor importante en la elección del largo de lo que se ha de escribir lo constituye el medio en que lo escrito ha de producirse. No es lo mismo escribir un libro, que por lo general suma al menos más de un centenar de páginas, que preparar un texto para una revista o un periódico. El lector que toma un libro espera dedicarle largas horas de lectura; quien abre una revista lo hace, en cambio, con cierta impaciencia, muchas veces sin el tiempo disponible para mucho más que una lectura apresurada. Y qué decir de quienes abrimos una página como ésta, que se revisa en un abrir y cerrar de ojos, en el tiempo cada vez más fugaz de la presurosa navegación cibernética.
            La tecnología de la comunicación tiene mucho que ver con las manifestaciones literarias. Si la imprenta abrió en su tiempo las posibilidades de producir libros de largo ilimitado que le dieron al escritor y sus lectores la oportunidad de extenderse libremente en el gozo de la palabra abundante y hacerlo en página tras página, y en varios tomos, la tecnología actual, esta nueva revolución en las capacidades comunicativas de la palabra, ha generado la necesidad de lo breve.
            Breves tienen que ser los textos que se le ofrecen al lector nervioso que, apresurado, consulta en la pantalla versátil, al paso rápido de su ansiedad de información, el infinito catálogo de publicaciones electrónicas disponibles. El escritor no puede esperar que lo lean si no escribe con la brevedad y el nerviosismo que el medio y las circunstancias promueven.
            La brevedad, lo dicho en pocas palabras perfectamente calibradas, es una exigencia que reta al escritor y lo obliga a perfeccionar su técnica y aguzar su ingenio al máximo hasta alcanzar la belleza comunicativa de lo dicho en un golpe de voz, exacto, certero, inmediato.