El artificio de la escritura / The artifice of writing


jueves, 3 de abril de 2025

Taller de novela.


Llegó con su fama de escritor exitoso, recién declarado inocente —en un largo y muy publicitado juicio— de un crimen muy comentado por lo imaginativo. 

Varios éramos los inscritos en su taller de novela. 

A medida que fue desarrollando a lo largo del semestre su sistema de enseñanza inspiradora se nos hizo cada vez más evidente que no hay modo de escribir una buena novela detectivesca sin haber primero cometido un crimen. 

Por absurdo e irresponsable que parezca decirlo, es cierto. No se puede escribir convincentemente de lo que no se sabe.

De los varios discípulos que participamos en su taller, al cabo de un tiempo solo yo he llegado a  publicar algo: una exitosa novela con abundancia de increíblemente inverosímiles y estupendamente narrados asesinatos.

jueves, 27 de marzo de 2025

Filosofía y ocio


Debió nacer del ocio la filosofía o más bien del aburrimiento del ocioso 
inteligente, insatisfecho. 

Tal vez haya que aburrirse para filosofar, para imaginar y crear. 

El ocupado, ya por las exigencias del diario subsistir, ya por el pasatiempo y el escapismo, no tiene tiempo para pensar sino sólo apresuradamente. 

Es el aburrido, el que no tiene nada que hacer, quien se sumerge en las aguas---no siempre traslúcidas ni calmas---del pensamiento.

martes, 25 de marzo de 2025

De los caminos


¿Qué culpa puede tener el empedrado?


Llevan los senderos a todas partes y de todas partes vienen.

Están los hermosamente empedrados, deleite de quienes los transitan. 

Deleite visual el de las piedras de formas, tamaños y tonalidades diferentes armonizadas en la composición de la vereda. 

Deleite auditivo de los pasos que golpean a ritmo el suelo levemente sonoro. 

Deleite también del aroma de la lluvia que empapa los adoquines y la tierra en que se asientan. 

Deleite, sobre todo, del caminar, seguro el paso, erguido el cuerpo en el equilibrio de su imperioso movimiento hacia el horizonte.

Y están los senderos dificultosos—veredas escarpadas-–de empedrados rústicos, exigentes, nada fáciles de transitar. Gratos son también, en su diseño obligadamente escabroso, para el caminante empeñoso. 

Para el decidido todo camino tiene su encanto, no importa de dónde surgen ni a dónde llevan. La dicha está en caminarlos.

Pero hay quienes acusan al camino---no importa lo bien empedrado que esté---de su lastimosa condición de mal trazado. Y van por él, a tumbos—sin verle su belleza—, lamentándose de la malhadada suerte de tener que caminarlo. 

No hay para ellos vereda viable, por liso y estable que sea el pavimento de granito—o incluso mármol—que pisan desganados. Se tropiezan cada dos pasos, cada dos pasos maldicen el momento en que tuvieron que echarse a caminar sin rumbo ni objetivo.