Cuerpo yacente
Supino, el cuerpo yace semi-durmiente.
Rígida losa del lecho, ara del ritual penoso, altar del sacrificio.
Pétreo, el esqueleto duele: hueso contra hueso, pedernal que al golpearse enciende la fogata del dolor.
Se alza la fiebre hasta el molar que a la muela muele.
Endemoniado, el nervio se retuerce, vivo: sensible al bisturí preciso del calambre.
Inerte, tiembla el músculo en el esfuerzo inútil de moverse.
Contra la piedra yacente el cuervo da con el pico varias veces: cava el pecho del doliente buscando el corazón que en ascuas se estremece y late.
Calcáreo, el esqueleto se resquebraja y cruje.
