El artificio de la escritura / The artifice of writing


miércoles, 31 de diciembre de 2025

El nuevo Año Nuevo


El tiempo, su medida y numeración, constituye, como tantas otras convenciones que conforman nuestra realidad, una innegable influencia en lo que somos y cómo sentimos y nos comportamos. Más aún, habrá quienes afirmen, con justificadas razones, que nosotros somos ese misterioso fenómeno que enumeramos en vidas transcurridas y en sucesivas generaciones. 


Debió aprender el ser humano a medir el tiempo contando días entre luna llena y luna llena y horas entre sol y sol. El latido de su propio pecho, ya en la paz del descanso, ya en los arrebatos del entusiasmo y el miedo, le habrá enseñado también a contar, empuñando dedo a dedo las dos manos. Y habrá también contado con creciente preocupación los años de su edad, la suma incesante de las estaciones. 


Las matemáticas del tiempo---su geometría de astros estelares y de sombras angulares en llanuras, faldas y picachos de los montes---, las cifras del continuo y cíclico movimiento, fueron generando el damero—luz y sombra—del calendario, mágico objeto que atrapa en su diseño estático, cuadriculado o circular, el presente—laberintos del estar en el espacio—, el pasado y el futuro: memoria acumulada y progresión innumerable.


Hubo de enunciarse la cifra inicial de un primer enero y se fueron agregando luego—y en eso estamos y estaremos hasta el final de nuestra presencia en el universo—la serie infinita de los números imaginarios. Ejercicio del que cuenta los granos de la arena que se escurre inasible entre los dedos, ábaco ilusorio.


Así, cada tanto, según hemos decidido se ha de contar lo innumerable, celebramos—entre exageradamente contentos y disimuladamente tristes—el final de un ciclo acomodado a nuestras percepciones y el comienzo de otro que, se supone-–contra toda evidencia de lo contrario—, será mejor que el que damos por concluído.


Supersticiosa es la magia ancestral de las instintivas celebraciones.






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