El artificio de la escritura / The artifice of writing


sábado, 3 de enero de 2026

Diario: Primera página


A pesar de mi antipatía por las fechas celebratorias y por la atención que se les presta, comienzo este nuevo cuaderno los primeros días de enero, como si reconociera---contra mi desdén por las fechas distintivas---el valor inaugurador de este primer mes del año. 
Hoy es ya el sábado 3: el tiempo se nos adelanta. 

El cuaderno anterior lo cerré ayer, habiendo podido cerrarlo hace cuatro días, cuando se acabó el año, para abrir éste exactamente el día primero haciendo coincidir el nuevo diario con el año nuevo. Por mucho que uno diga que prescinde de las fechas, el mes de enero se presenta—ilusamente--como un inicio renovador, aunque sus días, al ir pasando unos tras otros irán retomando el tinte opaco de lo consabido. El tiempo sigue igual que siempre, huyendo de nuestra proposiciones, y los días retoman su desconsolado ir dejándolos pasar para mañana. 

Enero, sin embargo---hay que aceptarlo---, no es un mes cualquiera: nos engaña al principio con la novedad y pronto nos devuelve a golpe apresurado de reloj y calendario al hábito de siempre. Casi sin que nos demos cuenta le da paso a febrero. Tal vez por esto los cuadernos de mi diario no se rigen por las fechas memorables sino por el momento en que se me acaban las páginas del que he estado usando y tengo que iniciar otro en limpio sin interrumpir siquiera el hilo de lo que iba escribiendo.

Como todo cuaderno nuevo que abro por primera vez, éste se me ofrece como una renovada oportunidad de cumplir lo imaginado: dejar la perfectamente escrita constancia de lo que he sentido y pensado al ir viviendo a diario la diaria sorpresa de existir. Sus páginas en blanco se ofrecen para el largo y supuestamente provechoso ejercicio espiritual de poner por escrito lo que a uno le sucede y lo que la mente concibe y disputa consigo misma. Como éste, todo cuaderno intacto todavía promete ser el perfecto, el que supusimos sería ese primero que iniciamos cuando apenas dejábamos de ser niños. Hay ilusiones que no cambian nunca, a pesar de todo. y lo que siento al escribir estas primeras líneas de la primera página en blanco no difiere gran cosa de lo que sentí, hace ya más de siete décadas, al tomar la pluma y escribir la primera línea de este dietario hasta el momento interminable.

Sea el comienzo de año inicio de un nuevo capítulo de la aventura inconclusa que el nuevo cuaderno documente y narre para ese futuro improbable de la lectura evocadora.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay illusions que no cambian nunca. Hermosa entrada. Feliz 2026, amigo